lunes, 28 de septiembre de 2015

TU. F1: VENDRELL

Espacios Públicos Metropolitanos: La Calle

Jan Gehl, uno de los íconos del urbanismo contemporáneo, visitó Montevideo como primer paso para la implementación de la metodología Gehl en la ciudad. Esta metodología promueve un urbanismo a escala humana, que fomente el contacto entre las personas a partir de una mejora del espacio público. Su trabajo enfoca el diseño de las ciudades de manera de favorecer al peatón y al ciclista, y es reconocido por haber transformado a Copenhague en una ciudad transitable, en la que más del 50% del transporte de la población se realiza en bicicleta. Estas ideas fueron aplicadas luego en varias ciudades de Europa y Estados Unidos, mejorando la calidad del espacio público de las ciudades, principalmente de la calle como espacio urbano.
En su visita por Montevideo, recorriendo 18 de Julio y parte de la Ciudad Vieja, Gehl expresa que tuvo la sensación de estar visitando una ciudad del siglo XX, que se encuentra pasada de moda, con un transporte público ineficiente, viejo y ruidoso. De allí, propone una “revisión completa del transporte público”, reducir la cantidad de autos y promover el uso de la bicicleta, tal como implementó en otras ciudades que denomina “del siglo XXI”.  
“Pienso que todas las ciudades tienen la obligación de ser todo lo bueno que pueden ser y siento que, quizás, Montevideo ha parado esa búsqueda en 1990. Me da la sensación de estar al final del siglo pasado. (…)Otra cosa que puede ser una gran idea es hacer como otras ciudades: construir infraestructura para las bicicletas. Invitar a la gente a que ande en bicicleta. Que sea seguro. Tienen cuadras muy pequeñas, y eso es maravilloso. Quizás puedan tener calles particulares para bicicletas, para autos y para ómnibus. Entonces las bicicletas y los autos pueden tener un buen sistema. Ese sería un buen plan para una ciudad moderna.”
La transformación del espacio público que hoy es necesaria es la que se centra en conseguir que las calles vuelvan a ser un espacio de uso urbano de varias funciones, no solo de desplazamiento sino también de disfrute, relación, etc. Ante este reto, las aportaciones positivas de la bicicleta son claras: es un dispositivo anti-velocidad y anti-lejanía, cualidades esenciales para frenar la pérdida de vida del espacio público y poder darle un carácter más “humano” que invite a las personas a que lo usen.
En Montevideo y en la gran mayoría de las ciudades, la percepción común de las calles está asociada a un espacio ruidoso, contaminado, hostil, y sobre todo un espacio peligroso. La gran contribución de la bicicleta a la ciudad está en esta capacidad de “humanizar” el espacio público y darle lugar al peatón nuevamente. Desplazarse a pie, en bici o en transporte público, hace que los espacios públicos, las calles principalmente, sean lugares con mayor uso y por ende de mejor calidad, libres de la contaminación que provoca la gran congestión de automóviles que cada vez se muestra peor.




TU. F1: SANGALLI

La identidad en los nuevos espacios públicos


En la clase teórica anterior, Natalia Brener habló sobre los espacios públicos y la manera de rehabilitarlos, teniendo en cuenta diversos factores, entre ellos la recuperación / mantenimiento de la identidad local.
Este tema (la identidad) es actualmente uno de los que más preocupa en la arquitectura, en un mundo cada vez más globalizado y donde las grandes urbes mantienen un aspecto similar en todo el mundo, ya sea en Asia, Europa o América, en el centro de cualquiera de las capitales de cualquier país dudosamente sabríamos en qué punto del globo nos encontramos.
La pregunta en este caso vendría a ser si es posible de alguna manera recuperar esa identidad perdida, traduciéndola en la cultura de cada región, en zonas que llevan tiempo ya sin una identidad propia, fruto del copia-pega derivado de la arquitectura comercial (o de capital) que impera desde hace décadas.
Mi pregunta a Natalia fue la siguiente: ¿Cuáles serían las pautas a seguir o los factores a tener en cuenta para la recuperación o el mantenimiento de la identidad local de un espacio público?
La respuesta fue concisa: La forma de mantener la identidad es manteniendo/fomentando la participación ciudadana. De esta manera, la plaza nunca quedará en un segundo plano en medio del tejido urbano,  sino que se convertirá en un punto de encuentro donde gente de todas las edades pueda tener su momento de descanso, diversión, deporte y demás tipos de ocio que corresponden a los espacios públicos.
En mi opinión, el problema que tiene el tema de la identidad es que se puede confundir con la nostalgia de mantener elementos puramente estéticos, que en su día mantenían identidad debido a su funcionalidad. A la hora de pensar en la identidad, hay que ver si preservar determinados elementos puede constituir algo positivo (tal vez como parte de la historia del lugar, como monumento a lo que pudo suceder alla) o simplemente quedar como “ruinas” maquilladas. Al ponerme a pensar en ello resulta realmente un tema complejo y obviamente siempre dependerá del contexto en el que se trata, ya que la identidad, como parte de la cultura, es única en cada punto del mapa.


TU. F1: MOREIRA

La apropiación del Espacio


Los vínculos que las personas establecen con los espacios están profundamente ligados a conceptos tales como la identidad social urbana, el apego al lugar, la psicología social, la sostenibilidad (ambiental, económico y social) y el tiempo. Estos fundamentos están intrínsecos en la evolución de los espacios públicos que reflejan consecuentemente las acciones e interacciones de los usuarios. Estos resultados en algunos casos contribuyen positivamente al uso, apropiación, goce, preservación y continuidad o ideas menos tangibles tales como el apego o la creación de significados y vínculos. Pero en otros casos no tan afortunados contribuyen al deterioro, abandono y  desapego, provocando espacios inhabilitados  como los ¨no lugares¨  anónimos y efímeros que se convierten en espacios únicamente de transición sin valor y sin vida. En estos casos es cuando es necesaria una búsqueda introspectiva de respuestas, ideas o soluciones, que rompan con el paradigma, atacando a la causa  y promoviendo  cambios si nuestro objetivo es avanzar hacia el progreso.
Cuando intentamos influir para la creación de un cambio es importante destacar que en aspectos relacionados al urbanismo y a la sociedad son conceptos muy complejos difíciles de entender  y por lo tanto es necesario actuar con integridad hacia un cambio seguro. Para esto es importante analizar determinados conceptos y profundizar en cuestiones que tienen que ver con la naturaleza humana. La apropiación de un espacio es entendida como un mecanismo básico del desarrollo humano, un ser se apropia de un lugar basándose en la experiencia que este le brinda y la interiorización de esta sensación es lo que en buena medida  genera ese vínculo y apego, ese sentimiento de pertenencia.  La apropiación que en poca fortuna de la palabra es asociada a la adquisición, refleja el sentido de propiedad que cada uno adquiere, el sentir que un espacio le pertenece por ende el derecho inherente de hacer lo quiera en ese espacio. A través de la acción sobre el entorno, las personas, los grupos y las colectividades transforman el espacio, dejando en él su “huella”, es decir, señales y marcas cargadas simbólicamente  incorpora al entorno sus procesos cognitivos y afectivos de manera activa y actualizada.
Cuando estamos analizando  y tratando de comprender  y resolver lo que algunos llaman el fenómeno de declive del espacio público, es necesario entender  una línea de investigación asociada a temas tan profundos como el apego al lugar, espacio simbólico urbano, identidad social urbana e identidad de lugar, que se encuentran siempre ligados a característica como el desplazamiento de los asuntos públicos a la esfera privada y del mismo modo lo público por asuntos privados. Esto significa que continuamente los espacios públicos son sometidos a cambios afectados por sistemas de relaciones y tensiones  económicas y sociales constantes, que en pocas palabras son los que mayor fuerza tienen el poder de marcar el futuro de estos espacios. En estos casos se delata la necesidad de la sociedad, consciente o inconsciente, de tramitar sentimientos  de descontento o inconformidad al resto de la sociedad o directamente al estado y utiliza el espacio público como una  herramienta dado que en cierta medida le pertenece.
En otras situaciones más cotidianas aparecen los llamados ¨espacios de transición¨ que no son los primeros que nos vienen a la mente como una una avenida, una calle o una vereda, si no independientemente de su naturaleza, condición u mantenimiento son aquellos espacios que no tienen lugar en la vida de las personas, espacios sin valor y carácter para los individuos, que son utilizados como parte del tránsito de por ejemplo del trabajo a su casa. Este fenómeno esta acrecentado mayoritariamente por la proliferación del valor del espacio privado quien toma el protagonismo dejando de lado el resto para convertirse en espacio de tránsito. Obviamente este desinterés y pérdida de valor de estos lugres conlleva a la falta de interés de preservación o  la implementación de usos indebidos gracias a que estos lugares  carecen de ¨dueño¨.

Siendo consciente de que en estos  casos es muy difícil cambiar la realidad, lo que no hay perder de vista es que si nosotros nos apropiamos de los espacios, construimos vínculos y formamos nuestra identidad y por ende nos atribuidos derechos sobre el mismo, esos derechos no vienen solos, atraen un montón de responsabilidades que deben ser tratadas con respeto para nosotros mismos, la sociedad y el estado. No podemos olvidar que nuestra cuidad  es el resultado de nuestras conductas y acciones como también es un claro reflejo de nuestra identidad como colectivo urbano, de nuestra cultura y educación. No podemos dejar que otros se hagan cargo de lo que nos corresponde, es nuestro deber contribuir cada día de forma sensata y pensando en los demás, si queremos vivir y aprovechar los beneficios que promueve una ciudad con espacios públicos de calidad.

TU. F1: GONZALEZ

Festejar, protestar y vandalismo.

Límites en la ciudad de todos.

En el marco de la última semana del, no tan primaveral, mes de septiembre de este año, los habitantes de la ciudad pudieron ser testigos de lo que normalmente denominamos actos vandálicos. Si no fueron testigos oculares, por lo menos pudieron verlo en las noticias. Para cualquier dueño de un establecimiento privado suele ser bastante irritante, hasta el punto de convertirse en intolerable una situación que amenace el límite que este marcó con el espacio público, que tan bien ha sabido lograr su fama de  ­­­­­­­­­­­hostil. Nadie sonríe al salir de su casa y encontrarse la pared rayada, con lo que sea, todo molesta. Todos marcamos un límite con ese espacio público, que se disfruta pero que, aunque cueste aceptar, muchas veces nos inhibe y nos hace retraernos más y más en nuestros propios núcleos.
Muy bien, todos entendemos la relación que existe entre el espacio público y el espacio privado. Pero hoy nos enfocamos con algo más, hasta que punto puedo apropiarme del espacio público. Festejos, celebraciones, fiestas, marchas, carreras, caminatas, intervenciones, protestas. Todo está permitido, pero también, todo tiene un límite. Y el límite en este caso no lo marca una pared, este límite carece de cuerpo, existe en el pensamiento de cada uno, en esa nube imaginaria que lleva cada uno y le hace saber cómo utilizar el espacio y saber en qué momento ya lo está dañando.
Esa idea de que puedo rayar, grafitear, "intervenir" a mi manera, sin sentido y porque sí. Suena muy a adolescente. Y bueno, hay un lugar para todo, tampoco podemos ir contra lo que ya casi respira con nosotros. Pero se contradicen los actos, cuando reclamando un aumento para la educación se rayan con frases y malas palabras un edificio histórico. Es aquí cuando nos cuestionamos hasta qué punto llega la sociedad, hasta dónde llegan los ciudadanos, dónde tienen sus límites y no hablando de sus actos. Dónde sabe que se puede y dónde no. Ese límite sutil que deberíamos educar en la mente de todos. Un límite que se mezcla con respeto y consciencia. No se juzga el reclamo, se juzga el acto vandálico.

Otro acontecimiento de parecidas características sucedió el pasado domingo, cuando las letras de la ciudad de Montevideo amanecieron pintadas con los colores de uno de los cuadros de futbol del país, como Peñarol cumplía 124 años este lunes, algún creativo tuvo la genial idea de intervenir las letras de negro y amarillo o de lo que sigue siendo lo mismo "oro y carbón" como les gusta llamarle. Las letras de Montevideo no son de mármol y cambiarles el color no es tan difícil como sacar el grafiti del mármol. Pero la situación es la misma una emoción + una acción sobre el espacio público. Personas defienden el acto como "ingenioso" o indican que el cartel no es un monumento. Sin embargo las letras escriben Montevideo y Montevideo no lo habitan solo esas personas.



TU. F1: VERANGOT

Espacio público metropolitano – Temas en la agenda de actualidad

En los últimos años el tránsito en las ciudades ha ido en aumento, haciendo cada vez más notorios los efectos negativos que genera. Los más evidentes son la contaminación, las grandes congestiones y los accidentes. Sin embargo otro problema no menor es el control que los autos han tomado del espacio público, desplazando a un segundo plano a los peatones. Esta competencia entre conductores y  peatones cada vez se hace más insostenible y obliga a las ciudades a tomar medidas capaces de solucionar o controlar estas problemáticas.

Para muchas, la solución más fácil y  rápida resulta ser en la construcción de nuevas vías, autopistas, anillos perimetrales o el ensanche de calles. Sin embargo para otras ciudades, estas medidas significan la pérdida del espacio público y terminan de consagrar al auto como protagonista. Es por esto que algunas metrópolis optaron directamente por eliminar el auto del centro y hacer del espacio público un uso exclusivo para las personas.

En Europa, Madrid, Paris y Hamburgo son algunas de las que se animaron por esta drástica decisión  de peatonalizar grandes sectores del centro. Esta medida  no solo busca terminar con los problemas del tránsito sino que también quiere revitalizar el espacio público. A raíz de esto, las peatonales, se convierten en nuevos escenarios urbanos capaces de albergar diversas actividades que antes eran imposibles. Otra ciudad que tiene mucho éxito y reconocimiento es Copenhague, que en lugar de eliminar la circulación de autos por completo, opto por reducir su espacio y sustituirlo por la bici. La transformación fue  muy bien recibida y logro que hoy en día más de la mitad de sus habitantes se trasladen en bicicleta.

En el plano local, Montevideo a pesar de ser una ciudad pequeña, no es ajena a estos conflictos del espacio público. En los últimos cinco años el número de autos creció de forma abrupta sin un acompañamiento de infraestructura capaz de soportar dicho crecimiento. A partir de este desborde en el que se vio sumergida la ciudad es que hoy en día sufrimos los grandes congestionamientos en distintos puntos de la ciudad.

Una de las soluciones que aún no logro consolidarse pero se sigue apostando en Montevideo son las ciclo vías. Hace un par de años comenzó por la ciudad vieja un pequeño circuito que lentamente se fue extendiendo por otros barrios como una alternativa de transporte con el fin de rehabilitar el espacio público convulsionado por los vehículos motorizados. A pesar del poco éxito, la intendencia insistió con las ciclo vías, colocando estaciones de alquiler de bicis, mejorando la señalización y ampliando los circuitos.

Para mí, la idea resulta muy prometedora como restaurador del espacio público pero que aún no logra tener éxito por múltiples factores que no fueron estudiados correctamente. Primero que nada el mal funcionamiento en el transito hace sumamente inseguro transitar con bicicleta por la ciudad, esto se debe a las calles  son angostas, mal pavimentadas, con desniveles y a la terrible forma de manejar que tienen los Montevideanos. Además creo que las ciclo vías deberían tener mayor protagonismo, con calles más anchas, semáforos especiales, señalización, etc. y desplazar al auto a un lugar secundario como en Copenhague.


Por último, creo que para poder triunfar con este proyecto lo principal es tener una buena infraestructura que garantice seguridad en sus usuarios. Hoy en día el uso de las ciclo vías termina siendo algo para valientes y resulta un proyecto forzado para una ciudad que no está preparada.